"Ella abandonaba lo que estuviera haciendo, fuera lo que fuera, y se consagraba de cuerpo entero a tratar de hecerlo feliz en la enorme cama historiada que siempre estuvo dispuesta para él, y en la que nunca permitió que se incurriera en formalismos litúrgicos. Florentino Ariza no entendía cómo una soltera sin pasado podía ser tan sabia en asuntos de hombres, ni cómo podía manejar su dulce cuerpo de marsopa con tanta ligereza y con tanta ternura como si se moviera por debajo del agua. Ella se defendía diciendo que el amor, antes que nada, era un talento natural. Decía: " Gabriel García Márquez (Libro: Amor en tiempos de cólera)


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