Las razones escriturales de los novelistas cortesanos
Iluso como soy pensé que los escritores escribían porque querían comunicar: una especie de fundamentalismo Maiakovski, conservadurismo revolucionario. La escritura como acto sanguíneo- como en Neruda y Lorca: pura miel y pura gratuidad. Una apropiación de la palabra como acto insurreccional y humano, como en Fernández Retamar. Se escribía pensé como un acto de resistencia a todo lo que atenta contra la condición humana, como un acto profético que denuncia, como un acto de entrega que ennoblece. Pura majadería. Escritura cerca del desborde y la transgresión como el viejo Charles Bukoswky. Mientras más lectores lean su obra, mejor para el poeta o novelista. Eso pensé. Ingenuo como soy, ya lo decía. Y resulta que Jorge Edwards, un escritor mediocre, de familia acomodada, interpone ante los Tribunales de Justicia un recurso de protección ante la piratería, una demanda criminal. Recordemos las razones por las cuales escribe: "Las circunstancias me obligaron a escribir, algunas veces, en contra de la corriente, de la moda, del pensamiento al uso, y traté de hacerlo con naturalidad, sin pretensiones, sintiendo que la escritura, antes que nada, es una forma de fidelidad, la exigencia de un acuerdo consigo mismo, y que uno tiene el derecho y quizás hasta la obligación de transmitir la experiencia a los demás". Siempre pensé que si era necesario un control, este debería ser asumido por las Cámaras del Libro o por la Asociación de Libreros y por los organismos contralores respectivos. No me imagino a Dante en semejantes menesteres. Menos aún a Tzara. Ni siquiera a Neruda que bailaba con esa música. Y descubrí lo obvio: los escritores ya no escriben por ese "impulso irreprimible" (la obligación de transmitir la experiencia a los demás) que muchas veces los llevó a morir tísicos. "Tras la paletada / nadie dijo nada". Escriben para ganar dinero. Responden a centros de dinero. Y escriben novelas que dictan sus editores, en los tramos gruesos. Y que, en algunos casos, las premian. La última novela de Antonio Skármeta es muy dudosa literariamente hablando: El Baile de la Victoria, en buen romance: ¡un bostezo! La única novela importante, de estos años, es la de Roberto Bolaño "2066", después de José Donoso y María Luisa Bombal. Quizás Diamela Eltit y sus juegos verbales. Un día tendremos tiempo de recordar a Carlos Droguett, Alejandro Jodorowsky y Manuel Rojas. Pero que interponga un Recurso de Amparo un escritor legítimo resulta, a lo menos, extraño. Pero no tan extraño de parte de un escritor cortesano. Y besa manos. Recuerdo un poema de Roque Dalton, relacionado con el mundo de los buses: ¿para qué sirven los buses? - Se preguntaba el poeta, que fue vilmente asesinado (y que estudió en Chile). Y la respuesta inmediata era para trasladar pasajeros. Y, Dalton (el recordado en la bellísima composición "El Unicornio Azul" de Silvio Rodríguez), explicaba que los buses no sirven para trasladar pasajeros (aunque lo hacen). Su principal utilidad es generar ganancias al dueño del bus. Y si no genera ganancias, el bus deja de transportar pasajeros, porque a los dueños de los buses les importan un carajo los pasajeros. Léase: le interesan un carajo los lectores. Edwards explicó que decidió actuar porque "uno no puede dejarse estafar así como así".
Por: Pedro Urdemales
Por: Pedro Urdemales

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