Muerte o vida un tema para el arte
El tema de la muerte ha sido recurrente en losartistas e incursionan en él pintores, poetas, músicos, escultores yescritores, quienes utilizan esa herramienta lúdica como una catarsis en su diariovivir. Y es que morir, el fin de todo, pese al temor que despierta dichoconcepto por esa fusión, es en su honor que se canta, se pinta, danza odeclama. La muerte es un tema adherido al artista. Pero también encuentra murales, cuentos, fábulas,novelas, la muerte hace vivir muchas ramas del arte.
Confirmar que ese tema –considerado por muchos comoun tabú– ya es un factor común, no hacemos más que asegurar que lapresencia abismal, como unacircunstancia inevitable e inherente, es parte de laexistencia misma del ser. Así nos encontramos con que Eros y Thanatos (viday muerte) son caras de la misma moneda: implacables y severos. Precisaseñalar, pues, que es muy difícil evadir esos dos términos, sobre todo porqueambos están ligados entre sí y sebifurcan, sin que haya alguien que ose evitarlo. Pintores como Rafael, Miguel Ángel, Rembrandt ySalvador Dalí, entre otros, muestran sus dotes en esta área, encontrándosecon más de alguno que condenó su aprehensión a ese tema.
La caricatura no se queda atrás y la representa elmexicano José Guadalupe Posada, a quien sus contemporáneoscriticaron la forma de ridiculizar a la muerte. Posada lo hacía con sus cananas terciadas sobreel hombro, la vestía decharro, así como en personajes bailando o poniendoserenatas... lo que atrajocomentarios fuertes sin que ello menoscabara lainspiración del artista. Rivero también incursiona con sus lienzosmostrando a la muerte, endiferentes cromos y colores, con sus esqueletos dediversos tamaños.Literatura Generaciones van y vienen, las páginas de libros,revistas y periódicos hansido plasmados con lienzos o escritos aludiendo esatemática existencial. Aquí no importa cómo se le nombre o se asuma, sise hace hacia una prolongación del espíritu o el fin; el paso alsufrimiento eterno o la paz del reposo: ella estará siempre presente con su filosacarcajada. Los artistas la han abordado con un tonodesenfadado y risueño, otros mostrando temor o resignación, también ha existidoquien dedique versos con mucho respeto, aunque habrá alguno irreverente, queesgrima frases irónicas e intente quitarle el manto del fatalismo. Sin embargo, en un tema capital, en el cual sueletomar forma y aparecerpersonificada, “ningún poeta lírico se enfrenta a lamuerte como si fuera una entidad abstracta difusa, sino como a laencarnación, súbitamente dolorosa”, cita Jaime Labastida, en su libro “El amor,el sueño y la muerte en la poesía mexicana”, de la Edit. Novaro, México1974. Lo antes citado lleva a interrogarnos de quéforma el tema de la muerte estratado por el poeta, para que éste –palpándose loshuesos– trate infructuosamente de retratarla en el papel.
Dicho intento ha llevado a los artistas asucumbir en su manto, desistir desu lucha o salir airosos, proporcionando excelentesobras, con ideas diversas en los que se percibe la ansiedad, laternura, la crueldad y la belleza, en un tema que impone sus condiciones. Y aunque es un tema lúdico donde no existeindulto o amnistía para el individuo, la muerte siempre ha encontrado un terrenofértil en los hacedores del arte, tanto en América como en el mundoentero.Plumas Entre los primeros escritores que incursionaronen este tema están JorgeManrique (S. XV) con sus Coplas a la muerte; DanteAlighieri, con su famosa novela Divina Comedia, sembrando la semilla para estatemática. Manrique, ante la impotencia de ver el cuerpo desu padre en el féretro, nole queda otra alternativa que escribir sus Coplas a lamuerte. En tanto que Alighieri escribe su Divina Comedia,a raíz de la muerte de suamor platónico, Beatriz, y la hace figurar en estamonumental obra. Posteriormente lo haría el francés Jean PaulSartre, con su obra “A puertaCerrada”; el uruguayo Juan Carlos Onetti, en su libro“Juntacadáveres”; Rubén Darío, Lope de Vega, Góngora, Quevedo... quieneshan tocado este tema. Un poco más contemporáneos son Julio Herrera Reissin,con sus versos a laMuerte Blanca; Gabriela Mistral, que entona Los huesosde los muertos; Ramón López Velarde, en El sueño de los guantes negros;Macedonio Fernández (contemporáneo de Borges), la esboza en ElenaBellamuerte, sin olvidar por supuesto a Pablo Neruda. Octavio Paz, en el Laberinto de la soledad, describecon mucha sapiencia cómo la muerte es un tema recurrente en el folcloremexicano. Los poetas también han utilizado este tema para elevar lasignificación de la lucha de clases. “La muerte –escriben– nos iguala, nos quita lacondición de ricos y pobres. Esun gran mar en el que no sirven de nada las prebendas,privilegios, ni el confort de la sociedad consumista.
El hombre esdestino de la muerte y viceversa”, refiere tocando este rema amoroso JorgeBoccanera, en “El poeta y la muerte”, Antología de poetas latinoamericanos.De película Tanto ha servido este motivo que las obras literariashan sido utilizadas porel séptimo arte, el cine, que tampoco podía quedarseatrás. Así vemos filmes como La resurrección de los muertosvivientes; Las momias de Guanajuato; La momia, La sociedad de los poetasmuertos etc., en los que el tema es un poco más crudo. Sin pretender irrumpir mitos y creencias, aún en lamisma Biblia encontramoscitas referentes al tema, como la parábola donde undiscípulo muestra el deseo por seguir al Mesías, pero primero pide permisopara enterrar a su progenitor, ante eso, Jesús le contesta: “Deja que losmuertos entierren a sus muertos”.(Mateo 8-22) Eso podría interpretarse como la imagen de que sialgo obstruye realizar un proyecto o seguir a Jesús es obstáculo para ello, lomejor es liquidarlo –en el buen sentido de la palabra–. Y así encontraríamosen la Biblia más citas que contemplan el tema de la muerte. Dicho tema se presta para mencionar muchos nombres:Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, César Vallejo, Nicolás Guillén, VicenteHuidobro, Roque Dalton, Rafael Góchez Sosa, José María Cuéllar yAlfonso Hernández. También están Sor Juan Inés de la Cruz, Amado Nervo,Miguel Hernández, Claudia Lars, Raúl Contreras (Lidya Nogales), SantaTeresa de Ávila, Lope de Vega y otros que escapan a la memoria.Nuestros ancestros El tema tiene espacio en nuestros antepasados,quienes inventaban ritos pararendir culto a sus dioses, actos que no sonespeluznantes de los guerreros en su sed de sangre, sino la repetición de lossacrificios que hicieron sus ancestros como Quetzalcóatl o Nanahuatzín, quienesentregaron sus vidas para dar nacimiento a la raza humana. Así, observamos indígenas que creen que los muertosaún no lo están, sino que éstos han entrado a un sueño profundo, razón porla cual les depositan en zonassagradas; eso explica el hallazgo en tumbas de tantosobjetos labrados: vasijas, puntas de lanzas y joyas preciosas. Por ejemplo en Paraguay, los Guaraníes piden en susoraciones que el muerto sea recibido por los Ñe’eng Ru (padres de laspalabras). “El cadáver del mbyá es conservado en cestos hasta sutotal putrefacción de la carne, y los huesos son lavados y guardados en unrecipiente de cedro. Sonconservados en la parte más importante de lapoblación, porque serán nuevamentemorada de hombres”, citan en su ensayo León CadoganyA. López Austin. La Literatura de los Guaraníes. Edit. Joaquín Mortiz,México, 1970. También encontramos, en los municipios de Nahuizalcoy Santo Domingo de Guzmán, en Sonsonate, El Salvador, a los indígenas queacostumbran –24 horas antes de la celebración del día de los finados–,llevar alimentos y chicha en tecomates a la tumba de sus antepasados, pues, deacuerdo a sus creencias, éstos aún están vivos. Un poco más al occidente, en el municipio salvadoreñode Chalchuapa, en Santa Ana, los lugareños realizan una procesión, lacual emerge del cementerio general.
Llevan un ataúd en una carreta, leacompañan parroquianos pintados de blanco y vestidos de negro,quienes cargan velas encendidas en sus manos y recorren la ciudad. “Para ellos, el espíritu trasciende de la mortalidaddel cuerpo, aquí lo que sucede es que el temor a lo inexorable les haceproyectar la idea de que el espíritu es eterno”, manifiesta Ovidio Villafuerte,filósofo y catedrático de la Escuela de artes de la Universidadde El Salvador. Lo anterior nos lleva a creer que a lo largo de lahistoria, la poesía alusiva a la muerte se mantiene fiel a un eje central,abordarla en todo el quehacer cotidiano es el reto. Dejemos pues, que seaella, la parca, quien deje fluir su pluma en los poetas y permitanos dar unamuestra de ello. 1/ Jaime Labastida. El amor, el sueño y la muerte enla poesía mexicana. Edit.Novaro, México 1974. /2 Jorge Bocanera, El poeta y la muerte, Antología depoesías a la muerte.Editores Mexicanos Unidos, 1984. 3/ León Cadogany A. López Austin. La Literatura delos Guaraníes. Edit. JoaquínMortiz, México, 1970.Algunos poemas¿POR QUE NO?¿Por qué no detenermeen esa esquinay sorprender a la muertepor la espalda?Claribel Alegría (Estelí, Nicaragua, en 1924)Cita con la muerte¿Quien dijoque aquí no almorzó la muerte?es ciertonosotrossentimos su taconeole jineteamosle convidamosaceptamos el reto,pero ella¡Por Dios!olvidó la cita...Poema escrito después de los acuerdos de paz, de laguerra que se vivió en ElSalvador.Luis Antonio Chávez (S.S. 1961) (Del libro inédito Elpoeta y la muerte alhombro)Algo sobre la muerteLa muerte –tan eterna y verdadera–Llega en silencio cuando está segura,que ha de llevarnos a su casa oscuray nos lleva de pronto a su manera...No tengo miedo, no. Mi vida enterafue lúcida experiencia en aventurade un tiempo de dulzura o amarguraque debe terminar, cuando yo muera.¡Qué ardiente corazón el que he tenido,que guirnalda de amores me ha ceñidoy que fino lenguaje he derramado!Si la muerte me llama, iré obediente,dándole el pedacito de mi frentedonde he de hallar descanso bien ganado.Claudia Lars (1899-1974)La dama grisLa Dama gris, la de las manos finasy ojos color del tiempo, me acompaña...En mi sed de ascención, qué fiebre extrañaqué cansancio de luz, en mis retinas.Aquí, soñando al pie de la montaña,la Dama gris me envuelve en sus neblinas.Ayer, un vuelo azul de golondrinas...Hoy, un leve temblor de telarañas.¿Y después?... Sólo sé que cuando el montese ensanche, más allá del horizonte,mi sueño inútil rodaría en pedazos.Y entonces muda, resignada, inerme,igual que un niño triste que se duerme,la Dama gris me tomará en sus brazos.Lydia Nogales(seudónimo del escritor Raúl Contreras, (1896-1973),versos tomados de su libroNiebla)amor constante másalla de la muerteCerrar podrá mis ojos la postrerasombra que me llevare el blanco día,y podrá desatar esta alma míahora a su afán ansioso lisonjera;mas no desotra parte en la riberadejará la memoria, en donde ardía;nadar sabe mi llama la agua fría,y perder el respeto a la ley severa.Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,venas que humor a tanto fuego han dado,médulas que han gloriosamente ardido,su cuerpo dejarán, no su cuidado;serán ceniza, mas tendrá sentido;polvo serán, mas polvo enamorado.Don Francisco de Quevedo(1580-1645)MUERTOSPara cuando la muerte con sus pájarosde espuma negra brote de mi pielpara cuando mis huesos interroguenal aire por sus jugos y mareasy del ojo caído las raíceseleven sus rituales desoladospara cuando ya sea el substituidopor los caminos el único que faltapara cerrar la cuenta de los pasos del díatus palabras ahogadas seguirán animandoen tu cuerpo de plata la cosecha madura.Al olvido tenaces dimos muerte completaviajeros de la misma religión amorosa. Roque Dalton (1933-1975)Distancia entre una flor y un cadáveres la que el niño piensacuandomiraalpadremuerto Rafael Góchez SosaSÓlo La Muerte(Fragm.)Hay cementerios solos,tumbas llenas de huesos sin sonido,el corazón pasando un túneloscuro, oscuro, oscuro,como un naufragio hacia adentro nos morimos.como ahogarnos en el corazón,como irnos cayendo desde la piel al alma.Hay cadáveres,hay pies de pegajosa losa fría,hay la muerte en los huesos,como un donido puro,como un ladrido sin perro,saliendo de ciertas campanas,de ciertas tumbas,creciendo en la humedad com el llanto o la lluvia.Pablo Neruda(Fragm).No me aflige morir: no he rehusadoacabar de vivir, ni he pretendidohalagar esta muerte, que ha nacidoa un tiempo con la vida y el cuidado.Don Francisco de Quevedo (1580-1645)Si hija de mi amorSi hija de mi amor mi muerte fuese,¡qué parto tan dichoso que seríael de mi amor contra la vida mía!¡Qué gloria, que el morir de amar naciese!Llevara yo en el alma adonde fueseel fuego en que me abraso, y guardaríasu llama fiel con la ceniza fríaen el mismo sepulcro en que durmiese.De esotra parte de la muerte dura,vivirán en mi sobra mis cuidados,y más allá del Lethe mi memoria.Triunfará del olvido tu hermosurami pura fe y ardiente, de los hados;y el no ser, por amar, será mi gloria.Don Francisco de Quevedo(1580-1645)Coplas porla muerte de su padreRecuerde el alma dormida,avive el seso y despiertecontemplandocómo se pasa la vida,cómo se viene la muertetan callando,cuán presto se va el placer,cómo, después de acordado,da dolor;cómo, a nuestro parecer,cualquiera tiempo pasadofue mejor. Jorge Manrique(1440-1479)
por Luis AntonioChávez
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