Cómo viven y mueren los escritores
Cómo viven los escritores (en el país de lagos y volcanes)
Por Javier Alas
Ninguno de ellos es escritor profesional. Han laborado en agencias depublicidad, en secretarías de cultura oficiales, en editoriales. El horario exprime su mejor energía diaria, y a deshora, cuando la fatiga lo tolera, escriben unas líneas de duermevela. Al día siguiente sus fuerzas y su tiempo serán subyugados de nuevo por el periódico, la revista, la radio. Trabajan en el periodismo o en una organización no gubernamental. O en cualquier cosa, exceptuando los ardores de la palabra. Ninguna editorial se interesa por ellos; algunos, los menos, han tenido el reconocimiento en el extranjero. Casi inéditos, guardan sus manuscritos enprocura de un tiempo propicio o de un quién sabe. Concursan en certámenesinternacionales de literatura, o en justas locales. A veces la fortuna deslizauna corona de laureles en su sien, a veces les nombran gran maestre de la gayaciencia. En ocasiones les invitan a un recital, a un festival literario, o toman el micrófono por la libre en una noche bohemia. Unos son jóvenes y se intuyen geniales; otros, con más edad, experimentados y con obra a sus espaldas. Algunos exhiben un talento incuestionable, escriben páginas brillantes, opinan con sabiduría. Otros, sólo muestran ínfulas, egos, complejos. Adictos a tertulias, cultores de un virtuosismo oral, idólatras del café y del cigarrillo. Casi nunca son propietarios del espacio donde moran, con o sin una familia. Rara vez poseen vehículo. Deben una suma a cualquier banco. Jamás obtendrán el Premio Nobel de Literatura. Ni siquiera el Cervantes.
Cómo mueren los escritores (en el país de la sonrisa)
Por: Javier Alas
Solos. Avejentados antes de la edad. Con el hígado deshecho por la cirrosis o destrozados los pulmones por bronconeumonías. Arrollados por vehículos de transporte cuyos infames conductores siempre se fugan. Sobreviviendo lejos de la solidaridad. Olvidados sus logros en las artes de la palabra escrita, desconocidos. Abandonados. Arrasados por el cáncer y su metástasis. Encerradosen una desnuda habitación que no era propia, con la espalda llagada de estarlargo tiempo enfermos y tirados en un catre. Desamparados por su familia, exiliados. Expuestos. En extremos, necesitados de la caridad. Necesitados. Inartículo mortis los eximios representantes en la asamblea legislativa les nombran Poeta Meritísimo, Hijo Meritísimo. No conocen su obra, jamás les hanleído. Sí son consumados connoisseur de la música del género ranchero, y nombran Visitante Ilustre al primer cantante mexicano que se presenta en elpaís, le entregan la llave de la ciudad, y además le instan a berrear en plenosalón azul de la asamblea, en el culmen apoteósico del homenaje (ya extasiados y rendidos a sus lustrosas botas de piel de lagarto). Ignorados, los ojosgrises del largo trato con la tristeza. Sin dinero, sin ediciones, sin casaeditora, sin regalías. Así han muerto los poetas. Así continúan falleciendo los poetas, no pocos, en el país de la sonrisa.
Por Javier Alas
Ninguno de ellos es escritor profesional. Han laborado en agencias depublicidad, en secretarías de cultura oficiales, en editoriales. El horario exprime su mejor energía diaria, y a deshora, cuando la fatiga lo tolera, escriben unas líneas de duermevela. Al día siguiente sus fuerzas y su tiempo serán subyugados de nuevo por el periódico, la revista, la radio. Trabajan en el periodismo o en una organización no gubernamental. O en cualquier cosa, exceptuando los ardores de la palabra. Ninguna editorial se interesa por ellos; algunos, los menos, han tenido el reconocimiento en el extranjero. Casi inéditos, guardan sus manuscritos enprocura de un tiempo propicio o de un quién sabe. Concursan en certámenesinternacionales de literatura, o en justas locales. A veces la fortuna deslizauna corona de laureles en su sien, a veces les nombran gran maestre de la gayaciencia. En ocasiones les invitan a un recital, a un festival literario, o toman el micrófono por la libre en una noche bohemia. Unos son jóvenes y se intuyen geniales; otros, con más edad, experimentados y con obra a sus espaldas. Algunos exhiben un talento incuestionable, escriben páginas brillantes, opinan con sabiduría. Otros, sólo muestran ínfulas, egos, complejos. Adictos a tertulias, cultores de un virtuosismo oral, idólatras del café y del cigarrillo. Casi nunca son propietarios del espacio donde moran, con o sin una familia. Rara vez poseen vehículo. Deben una suma a cualquier banco. Jamás obtendrán el Premio Nobel de Literatura. Ni siquiera el Cervantes.
Cómo mueren los escritores (en el país de la sonrisa)
Por: Javier Alas
Solos. Avejentados antes de la edad. Con el hígado deshecho por la cirrosis o destrozados los pulmones por bronconeumonías. Arrollados por vehículos de transporte cuyos infames conductores siempre se fugan. Sobreviviendo lejos de la solidaridad. Olvidados sus logros en las artes de la palabra escrita, desconocidos. Abandonados. Arrasados por el cáncer y su metástasis. Encerradosen una desnuda habitación que no era propia, con la espalda llagada de estarlargo tiempo enfermos y tirados en un catre. Desamparados por su familia, exiliados. Expuestos. En extremos, necesitados de la caridad. Necesitados. Inartículo mortis los eximios representantes en la asamblea legislativa les nombran Poeta Meritísimo, Hijo Meritísimo. No conocen su obra, jamás les hanleído. Sí son consumados connoisseur de la música del género ranchero, y nombran Visitante Ilustre al primer cantante mexicano que se presenta en elpaís, le entregan la llave de la ciudad, y además le instan a berrear en plenosalón azul de la asamblea, en el culmen apoteósico del homenaje (ya extasiados y rendidos a sus lustrosas botas de piel de lagarto). Ignorados, los ojosgrises del largo trato con la tristeza. Sin dinero, sin ediciones, sin casaeditora, sin regalías. Así han muerto los poetas. Así continúan falleciendo los poetas, no pocos, en el país de la sonrisa.

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