Friday, July 13, 2007

Cómo viven y mueren los escritores

Cómo viven los escritores (en el país de lagos y volcanes)
Por Javier Alas

Ninguno de ellos es escritor profesional. Han laborado en agencias depublicidad, en secretarías de cultura oficiales, en editoriales. El horario exprime su mejor energía diaria, y a deshora, cuando la fatiga lo tolera, escriben unas líneas de duermevela. Al día siguiente sus fuerzas y su tiempo serán subyugados de nuevo por el periódico, la revista, la radio. Trabajan en el periodismo o en una organización no gubernamental. O en cualquier cosa, exceptuando los ardores de la palabra. Ninguna editorial se interesa por ellos; algunos, los menos, han tenido el reconocimiento en el extranjero. Casi inéditos, guardan sus manuscritos enprocura de un tiempo propicio o de un quién sabe. Concursan en certámenesinternacionales de literatura, o en justas locales. A veces la fortuna deslizauna corona de laureles en su sien, a veces les nombran gran maestre de la gayaciencia. En ocasiones les invitan a un recital, a un festival literario, o toman el micrófono por la libre en una noche bohemia. Unos son jóvenes y se intuyen geniales; otros, con más edad, experimentados y con obra a sus espaldas. Algunos exhiben un talento incuestionable, escriben páginas brillantes, opinan con sabiduría. Otros, sólo muestran ínfulas, egos, complejos. Adictos a tertulias, cultores de un virtuosismo oral, idólatras del café y del cigarrillo. Casi nunca son propietarios del espacio donde moran, con o sin una familia. Rara vez poseen vehículo. Deben una suma a cualquier banco. Jamás obtendrán el Premio Nobel de Literatura. Ni siquiera el Cervantes.


Cómo mueren los escritores (en el país de la sonrisa)
Por: Javier Alas

Solos. Avejentados antes de la edad. Con el hígado deshecho por la cirrosis o destrozados los pulmones por bronconeumonías. Arrollados por vehículos de transporte cuyos infames conductores siempre se fugan. Sobreviviendo lejos de la solidaridad. Olvidados sus logros en las artes de la palabra escrita, desconocidos. Abandonados. Arrasados por el cáncer y su metástasis. Encerradosen una desnuda habitación que no era propia, con la espalda llagada de estarlargo tiempo enfermos y tirados en un catre. Desamparados por su familia, exiliados. Expuestos. En extremos, necesitados de la caridad. Necesitados. Inartículo mortis los eximios representantes en la asamblea legislativa les nombran Poeta Meritísimo, Hijo Meritísimo. No conocen su obra, jamás les hanleído. Sí son consumados connoisseur de la música del género ranchero, y nombran Visitante Ilustre al primer cantante mexicano que se presenta en elpaís, le entregan la llave de la ciudad, y además le instan a berrear en plenosalón azul de la asamblea, en el culmen apoteósico del homenaje (ya extasiados y rendidos a sus lustrosas botas de piel de lagarto). Ignorados, los ojosgrises del largo trato con la tristeza. Sin dinero, sin ediciones, sin casaeditora, sin regalías. Así han muerto los poetas. Así continúan falleciendo los poetas, no pocos, en el país de la sonrisa.

Friday, July 06, 2007

El sexo según Isabel Allende

lato de historia conocida, en pluma de esta gran escritora... enjoy! (esta larguito, dense tiempo)
El sexo, según Isabel Allende

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile. Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico.-Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé - me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito.
¡Un hijo! Era lo último que deseaba. Siguieron días terribles, me dio fiebre, perdí el apetito, vomitaba. Mi amiga confirmó que los síntomas, eran iguales a los de su mamá. Por fin una monja me obligó a confesar la verdad. -Estoy embarazada -admití hipando.
Me vi cogida de un brazo y llevada por el aire hasta la oficina de la Madre Superiora.Así comenzó mi horror por las muñecas y mi curiosidad por ese asunto misterioso cuyo solo nombre era impronunciable: sexo.
Las niñas de mi generación carecíamos de instinto sexual, eso lo inventaron Master y Johnson mucho después. Sólo los varones padecían de ese mal que podía conducirlos al infierno y que hacía de ellos unos faunos en potencia durante todas sus vidas.Cuando una hacía alguna pregunta escabrosa, había dos tipos de respuesta, según la madre que nos tocara en suerte. La explicación tradicional era la cigüeña que venía de París y la moderna era sobre flores y abejas. Mi madre era moderna, pero la relación entre el pollen y la muñeca en mi barriga me resultaba poco clara.A los siete años me prepararon para la Primera Comunión. Antes de recibir la hostia había que confesarse. Me llevaron a la iglesia, me arrodillé detrás de una cortina de felpa negra y traté de recordar mi lista de pecados, pero se me olvidaron todos.En medio de la oscuridad y el olor a incienso escuché una voz con acento de Galicia .-¿Te has tocado el cuerpo con las manos?-Sí, padre.-¿A menudo, hija?-Todos los días...-¡Todos los días! ¡Esa es una ofensa gravísima a los ojos de Dios, la pureza es la mayor virtud de una niña, debes prometer que no lo harás más!Prometí, claro, aunque no imaginaba cómo podría lavarme la cara o cepillarme los dientes sin tocarme el cuerpo con las manos. (Este traumático episodio me sirvió para "Eva Luna", treinta y tantos años más tarde. Una nunca sabe para qué se está entrenando).Nací al sur del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial en el seno de una familia emancipada e intelectual en algunos aspectos y casi paleolítica en otros.Me crié en el hogar de mis abuelos, una casa estrafalaria donde deambulaban los fantasmas invocados por mi abuela con su mesa de tres patas.Vivían allí dos tíos solteros, un poco excéntricos, como casi todos los miembros de mi familia. Uno de ellos había viajado a la India y le quedó el gusto por los asuntos de los fakires, andaba apenas cubierto por un taparrabos recitando los 999 nombres de Dios en sánscrito.El otro era un personaje adorable, peinado como Carlos Gardel y amante apasionado de la lectura. (Ambos sirvieron de modelos –algo exagerados, lo admito-para Jaime y Nicolás en "La casa de losespíritus").La casa estaba llena de libros, se amontonaban por todas partes, crecían como una flora indomable, se reproducían ante nuestros ojos. Nadie censuraba o guiaba mis lecturas y así leí al Marqués de Sade, pero creo que era un texto muy avanzado para mi edad el autor daba porsabidas cosas que yo ignoraba por completo, me faltaban referencias elementales.El único hombre que había visto desnudo era mi tío, el fakir, sentado en el patio contemplando la luna y me sentí algo defraudada por ese pequeño apéndice que cabía holgadamente en mi estuche de lápices de colores. ¿Tanto alboroto por eso?A los once años yo vivía en Bolivia . Mi madre se había casado con un diplomático, hombre de ideas avanzadas, que me puso en un colegio mixto. Tardé meses en acostumbrarme a convivir con varones, andaba siempre con las orejas rojas y me enamoraba todos los días de uno diferente.Los muchachos eran unos salvajes cuyas actividades se limitaban al fútbol y las peleas del recreo, pero mis compañeras estaban en la edad de medirse el contorno del busto y anotar en una libreta los besos que recibían. Había que especificar detalles: quién, dónde, cómo. Había algunas afortunadas que podían escribir:" Felipe, en el baño, con lengua."Yo fingía que esas cosas no me interesaban, me vestía de hombre y me trepaba a los árboles para disimular que era casi enana y menos sexy que un pollo.En la clase de biología nos enseñaban algo de anatomía y el proceso de fabricación de los bebés, pero era muy difícil imaginarlo. Lo más atrevido que llegamos a ver en una ilustración fue una madre amamantando a un recién nacido.De lo demás no sabíamos nada y nunca nos mencionaron el placer, así es que el meollo del asunto se nos escapaba ¿por qué los adultos hacían esa cochinada? La erección era un secreto bien guardado por los muchachos, tal como la menstruación lo era por las niñas. La literatura me parecía evasiva y yo no iba al cine, pero dudo que allí se pudiera ver algo erótico en esa época.Las relaciones con los muchachos consistían en empujones, manotazos y recados de las amigas: dice el Keenan que quiere darte un beso, dile que sí pero con los ojos cerrados, dice que ahora ya no tiene ganas, dile que es un estúpido, dice que más estúpida eres tú y así nos pasábamos todo el año escolar.La máxima intimidad consistía en masticar por turnos el mismo chicle. Una vez pude luchar cuerpo a cuerpo con el famoso Keenan, un pelirrojo a quien todas las niñas amábamos en secreto.Me sacó sangre de narices, pero esa mole pecosa y jadeante aplastándome contra las piedras del patio, es uno de los recuerdos más excitantes de mi vida.En otra ocasión me invitó a bailar en una fiesta. A La Paz no había llegado el impacto del rock que empezaba a sacudir al mundo, todavía nos arrullaban Nat King Cole y Bing Crosby (¡Oh, Dios! ¿Era eso la prehistoria?).Se bailaba abrazados, a veces chic-to-chic, pero yo era tan diminuta que mi mejilla apenas alcanzaba la hebilla del cinturón de cualquier joven normal.Keenan me apretó un poco y sentí algo duro a la altura del bolsillo de su pantalón y de mis costillas. Le di unos qolpecitos con las puntas de los dedos y le pedí que se quitara las llaves, porque me hacían daño. Salió corriendo y no regresó a la fiesta. Ahora, que conozco más de la naturaleza humana, la única explicación que se me ocurre para su comportamiento es que tal vez no eran las llaves.En 1956 mi familia se había trasladado al Líbano y yo había vuelto a un colegio de señoritas, esta vez a una escuela inglesa cuáquera, donde el sexo simplemente no existía, había sido suprimido del universo por la flema británica y el celo de los predicadores. Beirut era la perla del Medio Oriente. En esa ciudad se depositaban las fortunas de los jeques, había sucursales de las tiendas de los más famosos modistos y joyeros de Europa, los Cadillacs con ribetes de oro puro circulaban en las calles junto a camellos y mulas. Muchas mujeres ya no usaban velo y algunas estudiantes se ponían pantalones, pero todavía existía esa firme línea fronteriza que durante milenios separó a los sexos. La sensualidad impregnaba el aire, flotaba como el olor a manteca decordero, el calor del mediodí a y el canto del muecín convocando a l oración desde el alminar. El deseo, la lujuria, lo prohibido... Las niñas no salían solas y los niños también debían cuidarse. Mi padrastro les entregó largos alfileres de sombrero a mis hermanos, para que se defendieran de los pellizcos en la calle.En el recreo del colegio pasaban de mano en mano foto-novelas editadas en la India con traducción al francés, una versión muy manoseada de "El amante de Lady Chaterley" y pocket-books sobre orgías de Calígula. Mi padrastro tenía "Las "Mil y Una Noches" bajo llave en su armario, pero yo descubrí la manera de abrir el mueble y leer a escondidas trozos de esos magníficos libros de cuero rojo con letras de oro. Me zambullí en el mundo sin retorno de la fantasía, guiada por huríes de piel de leche, genios que habitaban en las botellas y príncipes dotados de un inagotable entusiasmo para hacer el amor.Todo lo que había a mi alrededor invitaba a la sensualidad y mis hormonas estaban a punto de explotar como granadas, pero en Beirut vivía prácticamente encerrada.Las niñas decentes no hablaban siquiera con muchachos, a pesar de lo cual tuve un amigo, hijo de un mercader de alfombras, que me visitaba para tomar Coca-Cola en la terraza.Era tan rico, que tenía motoneta con chófer. Entre la vigilancia de mi madre y la de su chófer, nunca tuvimos ocasión de estar solos. Yo era plana. Ahora no tiene importancia, pero en los cincuenta eso era una tragedia, los senos eran considerados la esencia de la feminidad. La moda se encargaba de resaltarlos: sweater ceñido, cinturón ancho de elástico, faldas infladas con vuelos almidonados.Una mujer pechugona tenía el futuro asegurado. Los modelos eran Jane Mansfield, Gina Lollobrigida, Sofia Loren. ¿Qué podía hacer una chica sin pechos? Ponerse rellenos. Eran dos medias esferas de goma que a la menor presión se hundían sin que una lo percibiera. Se volvían súbitamente cóncavos, hasta que de pronto se escuchaba un terrible plop-plop y las gomas volvían a su posición original, paralizando al pretendiente que estuviera cerca y sumiendo a la usuaria en atroz humillación. También se desplazaban y podía quedar una sobre el esternón y la otra bajo el brazo, o ambas flotando en la alberca detrás de la nadadora. En 1958 el Líbano estaba amenazado por la guerra civil. Después de la crisis del Canal de Suez se agudizaron las rivalidades entre los sectores musulmanes, inspirados en la política panarábiga de Gamal Abder Nasser , y el gobierno cristiano. El Presidente Camile Chamoun pidió ayuda a Eisenhower y en julio desembarcó la VI Flota norteamericana. De los portaaviones desembarcaron cientos de marines bien nutridos y ávidos de sexo. Los padres redoblaron la vigilancia de sus hijas, pero era imposible evitar que los jóvenes se encontraran.Me escapé del colegio para ir a bailar con los yanquis. Experimenté la borrachera del pecado y del rockn'roll. Por primera vez mi escaso tamaño resultaba ventajoso, porque con una sola mano los fornidos marines podían lanzarme por el aire, darme dos vueltas sobre sus cabezas rapadas y arrastrarme por el suelo al ritmo de la guitarra frenética de Elvis Presley. Entre dos volteretas recibí el primer beso de mi carrera y su sabor a cerveza y a Ketchup me duró dos años.Los disturbios en el Líbano obligaron a mi padrastro a enviar a los niños de regreso a Chile . Otra vez viví en la casa de mi abuelo. A los quince años, cuando planeaba meterme a monja para disimular que me quedaría solterona, un joven me distinguió por allí abajo, sobre el dibujo de la alfombra, y me sonrió. Creo que le divertía mi aspecto. Me colgué de su cintura y no lo soltéhasta cinco años después, cuando por fin aceptó casarse conmigo. La píldora anticonceptiva ya se había inventado, pero en Chile todavía se hablaba de ella en susurros. Se suponía que el sexo era para los hombres y el romance para las mujeres, ellos debían seducirnos para que les diéramos la prueba de amor" y nosotras debíamos resistir para llegar "puras" al matrimonio,aunque dudo que muchas lo lograran. No sé exactamente cómo tuve dos hijos. Y entonces sucedió lo que todos esperábamos desde hacía varios años. La ola de liberación de lossesenta recorrió América del Sur y llegó hasta ese rincón al final del continente donde yo vivía.Arte pop, mini-falda, droga, sexo, bikini y los Beattles. Todas imitábamos a Brigitte Bardot, despeinada, con los labios hinchados y una blusita miserable a punto de reventar bajo la presión de su feminidad.De pronto un revés inesperado: se acabaron las exuberantes divas francesas o italianas, la moda impuso a la modelo inglesa Twiggy, una especie de hermafrodita famélico. Para entonces a mí me habían salido pechugas, así es que de nuevo me encontré al lado opuesto del estereotipo.Se hablaba de orgías, intercambio de parejas, pornografía. Sólo se hablaba, yo nunca las vi. Los homosexuales salieron de la oscuridad, sin embargo yo cumplí 28 años sin imaginar cómo lo hacen. Surgieron los movimientos feministas y tres o cuatro mujeres nos sacamos el sostén, lo ensartamos en un palo de escoba y salimos a desfilar, pero como nadie nos siguió, regresamos abochornadas a nuestras casas. Florecieron los hippies y durante varios años anduve vestida conharapos y abalorios de la India. Intenté fumar mariguana pero después de aspirar seis cigarros sin volar ni un poco, comprendí que era un esfuerzo inútil.Paz y amor. Sobre todo amor libre, aunque para mí llegaba tarde, porque estaba irremisiblemente casada. Mi primer reportaje en la revista donde trabajaba fue un escándalo. Durante una cena en casa de un renombrado político, alguien me felicitó por un artículo de humor que había publicado y preguntó si no pensaba escribir algo en serio. Respondí lo primero que me vino a la mente: sí, me gustaría entrevistar a una mujer infiel. Hubo un silencio gélido en la mesa y luego la conversación derivó hacia la comida. Pero a la hora del café la dueña de casa -treinta y ocho años, delgada, ejecutiva en una oficina gubernamental, traje Chanel- me llevó aparte y me dijo que sí le juraba guardar el secreto de su identidad, ella aceptaba ser entrevistada. Al día siguiente me presenté en su oficina con una grabadora. Me contó que era infiel porque disponía de tiempo libre después de almuerzo, porque el sexo era bueno para el ánimo, la salud y la propia estima yporque los hombres no estaban tan mal, después de todo. Es decir, por las mismas razones de tantos maridos infieles, posiblemente el suyo entre ellos. No estaba enamorada, no sufríaninguna culpa, mantenía una discreta garçonière que compartía con dos amigas tan liberadas cómo ella. Mi conclusión, después de un simple cálculo matemático, fue que las mujeres son tan infieles como los hombres, porque sino ¿con quién lo hacen ellos? No puede ser solo entre ellos o todos siempre con el mismo puñado de voluntarias.Nadie perdonó el reportaje, como tal vez lo hubieran hecho si la entrevistada tuviera un marido en silla de ruedas y un amante desesperado. El placer sin culpa ni excusas resultaba inaceptable en una mujer. A la revista llegaron cientos de cartas insultándonos. Aterrada, la directora me ordenó escribir un artículo sobre "la mujer fiel". Todavía estoy buscando una que lo sea por buenas razones. Eran tiempos de desconcierto y confusión para las mujeres de mi edad. Leíamos el Informe Kinsey, el Kamasutra y los libros de las feministas norteamericanas, pero no lográbamos sacudirnos la moralina en que nos habían criado. Los hombres todavía exigían lo que no estaba dispuestos a ofrecer, es decir, que sus novias fueran vírgenes y sus esposas castas. Lasparejas entraron en crisis, casi todas mis amistades se separaron. En Chile no hay divorcio, lo cual facilita las cosas, porque la gente se separa y se junta sin trámites burocráticos.Yo tenía un buen matrimonio y drenaba la mayor parte de mis inquietudes en mi trabajo. Mientras en la casa actuaba como madre y esposa abnegada, en la revista y en mi programa de televisiónaprovechaba cualquier excusa para hacer en público lo que no me atrevía a hacer en privado, por ejemplo, disfrazarme de corista, con plumas de avestruz en el trasero y una esmeralda de vidrio pegada en el ombligo.En 1975 mi familia y yo abandonamos Chile , porque no podíamos seguir viviendo bajo la dictadura del General Pinochet. El apogeo de la liberación sexual nos sorprendió en Venezuela , un país cálido, donde la sensualidad se expresa sin subterfugios. En las playas se ven machos bigotudos con unos bikinis diseñados para resaltar lo que contienen.Las mujeres más hermosas del mundo (ganan todos los concursos de belleza), caminan por la calle buscando guerra, al son de una música secreta que llevan en las caderas.En la primera mitad de los 80 no se podía ver ninguna película, excepto las de Walt Disney, sin que aparecieran por lo menos dos criaturas copulando. Hasta en los documentales científicos había amebas o pingüinos que lo hacían. Fui con mi madre a ver "El Imperio de los Sentidos" y no se inmutó. Mi padrastro les prestaba sus famosos libros eróticos a los nietos, porque resultaban de una ingenuidad conmovedora comparados con cualquier revista que podían comprar en los kioskos. Había que estudiar mucho para salir airosa de las preguntas de los hijos (mamá ¿qué es pedofilia?) y fingir naturalidad cuando las criaturas inflaban condones y los colgaban como globos en las fiestas de cumpleaños.Ordenando el closet de mi hijo adolescente encontré un libro forrado en papel marrón y con mi larga experiencia adiviné el contenido antes de abrirlo. No me equivoqué, era uno de esos modernos manuales que se cambian en el colegio por estampas de futbolistas. Al ver a dos amantes frotándose con mousse de salmón me di cuenta de todo lo que me había perdido en la vida. ¡Tantos años cocinando y desconocía los múltiples usos del salmón! ¿En que habíamos estado mi marido y yo durante todo ese tiempo? Ni siquiera teníamos un espejo en el techo del dormitorio. Decidimos ponernos al día, pero después de algunas contorsiones muypeligrosas -como comprobamos más tarde en las radiografías de columna- amanecimos echándonos linimento en las articulaciones, en vez de mousse en el punto G.Cuando mi hija Paula terminó el colegio entró a estudiar Psicología con especialización en sexualidad humana. Le advertí que era una imprudencia, que su vocación no sería bien comprendida, no estábamos en Suecia. Pero ella insistió. Paula tenia un novio siciliano cuyos planes eran casarse por la iglesia y engendrar muchos hijos, una vez que ella aprendiera a cocinar pasta. Físicamente mi hija engañaba a cualquiera, parecía una virgen de Murillo, grácil, dulce, de pelo largo y ojos lánguidos, nadie imaginaría que era experta en esas cosas.En medio del Seminario de Sexualidad yo hice un viaje a Holanda y ella me llamó por teléfono para pedirme que le trajera cierto material de estudio. Tuve que ir con una lista en la mano a una tienda en Amsterdam y comprar unos artefactos de goma rosada en forma de plátanos.Eso no fue lo más bochornoso. Lo peor fue cuando en la aduana de Caracas me abrieron la maleta y tuve que explicar que no eran para mí, sino para mi hija. Paula empezó a circular por todas partes con una maleta de juguetes pornográficos y el siciliano perdió la paciencia. Su argumento me pareció razonable: no estaba dispuesto a soportar que su novia anduviera midiéndole los orgasmos a otras personas. Mientras duraron los cursos, en casa vimos videos con todas las combinaciones posibles: mujeres con burros, parapléjicos con sordomudas, tres chinas y un anciano, etc. Venían a tomar el té transexuales, lesbianas, necrofílicos, onanistas, y mientras la virgen de Murillo ofrecía pastelitos, yo aprendía cómo los cirujanos convierten a un hombre en mujer mediante un trozo de tripa.La verdad es que pasé años preparándome para cuando nacieran mis nietos. Compré botas con tacones de estilete, látigos de siete puntas, muñecas infladas con orificios practicables y bálsamos afrodisiacos, aprendí de memoria las posiciones sagradas del erotismo hindú y cuando empezaba a entrenar al perro para fotos artísticas, apareció el Sida y la liberación sexual se fue al diablo.En menos de un año todo cambió. Mi hijo Nicolás ya se cortó los mechones verdes que coronaban su cabeza, se quitó sus catorce alfileres de las orejas y decidió que era más sano vivir en pareja monogámica. Paula abandonó la sexologí­a, porque parece que ya no era rentable, y en cambio se propuso hacer una maestrí­a en educación cognoscitiva y aprender a cocinar pasta con la esperanza de encontrar otro novio.Lo encontró, se casaron y luego vino la muerte y se la llevó, pero esa es otra historia. Yo compré ositos de peluche para los futuros nietos, me comí­ la mousse de salmón y ahora cuido mis flores y mis abejas.Isabel Allende
"NACER ES UN MILAGRO MATEMÁTICO TAN IMPROBABLE, QUE CASI TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE SER FELICES, COMO UN ACTO DE AMOROSA CORTESÍA A QUIEN NOS INVITÓ A ESTE BANQUETE".
SALUDO A LA DIVINIDAD QUE HAY DENTRO DE TI......LAURA--
"Luz para ver, paz para ser, milagros para vivir"
Lupita desde Monterrey comarte este correo GRACIAS

Planeta Azul (borrador)

Era una tarde soleada, el viento cálido recorría las calles de la cuidad perdida y las hojas curiosas llevadas por la brisa parecían bailar al compás de mi caminar pausado, llevaba mi cámara como era costumbre y mi libro de anotaciones en un bolso viejo de cuero oscuro que me regalo un amigo hace ya unos años.

Caminaba como sin rumbo, y es que efectivamente me encontraba en la disyuntiva si irme a descansar a mi apartamento o dirigirme al mismo lugar de siempre: El Café Arco. Había sido un día de muchas notas sobre el acontecer mundial y como se comprenderá sería interminable si quisiéramos contar cada historia sobre guerras sin sentido, sobre contaminaciones, pobrezas, miserias humanas que al final han sido provocadas por los mismos hombres que no supieron manejar uno de los planetas mas hermoso de la galaxia, pero en fin hay mucho que decir sobre esto.

Quería escribir un poco de fantasía, para liberar mi mente de tanta realidad aterrante, la magia es mi pasión, los mundos encantados que solo existen cuando queremos verlos, pero que en este planeta todo loco y fugaz, pasan desapercibidos todo esto de mundos de colores, estrellas fugaces, complots galácticos, amores encantados, en fin, todas esas cosas.

Eso de amores encantados me ha hecho recordar aquella historia que leí hace ya un tiempo en un periódico del barcito de la calle dorada, la historia del planeta azul, múltiples viajes he realizado en búsqueda de mas información sobre esto, mucha gente escuche hablar sobre ella, en las diferentes galaxias que he recorrido.

En todo este pensar llegue a Arco, salude a algunos amigos que con frecuencia se miran en esos espacios de tranquilidad y esparcimiento, me senté en la mesa de costumbre, al lado de una ventana con marco de madera, la mesa con flores violetas y naranjas, con un mantel azul.

Pedí lo mismo de siempre, un café negro con una dona de chocolate, saque mi libreta de anotaciones para no dejar escapar ningún pensamiento que pudiese venir a mi mente, me acomode en la silla y mire por la ventana para contemplar esa hermosa tarde de verano, la gente pasaba de un lado para otro, me detuve un poco en sus expresiones tan diversas, unos van corriendo como si quisieran alcanzar a alguien o quizás el tiempo los ha alcanzado a ellos, otros van con el seño fruncido como si tuviesen dolor de estomago, otros tristes, otros sonriendo, justo esta pasando un señor con un perro grande y peludo casi igual a el, que gracioso y ............

Me levante de repente, casi de impulso, metí el cuaderno al bolso con mis demás partencias lo mas rápido que pude , deje el dinero del café y la dona de chocolate en la mesa y salí casi sin despedirme, camine tan veloz como pude para no perder de vista a aquel hombre, no era posible que fuera Fausto Cienfuegos, al fin!.

Camine con paso aligerado entre la gente, que en ese momento me parecía una multitud, cuando vi terminar la calle decidí gritar su nombre para no perderlo: Señor Fausto Cienfuegos!!!, fue entonces que aquel sujeto con aire misterioso se detuvo, dio la vuelta y dirigió su mirada justo en mi, como si supiera que de mi boca salió ese grito con media fuerzas y medio cansancio.

Llevaba una barba espesa, sus ojos eran negros brillantes, llevaba puesto un sombrero negro, un saco gris, una cadena en su pantalón y unos extraños tenis rojos q no combinaban nada con el atuendo, me acerque a el y extendí mi mano en señal de saludo...

...Que tal dije sonriendo, es usted el Señor Fausto Cienfuegos verdad?, el acertó con un movimiento de cabeza y con una expresión de extrañes por mi aparición inesperada, la verdad es de entender que no todos los días te sigue un sujeto y te intercepta de esta manera pero sin pensar empecé a hablar como en un monologo casi sin respirar:

Es usted el personaje de esa famosa historia del planeta azul? malas o buenas lenguas dicen que la curiosidad mato al gato, y quizás sea yo un gato disfrazado de humano, pero es que quisiera saber si aquella historia es cierta y Ud. al parecer tiene que ver mucho con ella o no?. En ese momento Cienfuegos puso su mano en el hombro en señal de que me detuviera en tanta palabrería o para que tomara un poco de aire no se. Perdóneme le dije, ni me he presentado, usted comprenderá que son las ansias de escuchar su historia.

Yo soy Eliot Capell, un periodista dedicado a recorrer planetas en búsqueda de historias de diversos tipos pero le confieso que las que mas me apasionan son las que están llenas de magia y fantasía.

Empezamos a caminar despacio, el me escuchaba con antecion y curiosidad, saco un puro de el bolsillo de su pantalón y lo encendió, el olor empezó a impregnarse lentamente en nuestras ropas y nuestro olfato lo percibía con mas intensidad a medida que avanzamos por la calle, yo continué hablando pero ya con mas calma.

Le contaré como fue que me entere de su historia señor Cienfuegos le dije con apresuro, un día hace ya unos siglos atrás, estaba sentado yo en barcito que queda cerca de la calle dorada, una calle larga con olor a pan, era una tarde de verano como la hoy, con la brisa fresca casi perfumada, me senté en una silla relajadamente y vi una revista en la mesa de la par con un titular que decía: “Realidad o Fantasía”, entonces me levante para leer de que se trataba aquel curioso articulo.

En ese entonces yo iniciaba mi carrera periodista, a lo largo de estos años he visto y escrito muchas historias, crudas realidades que azotan con las alegrías e ilusiones de muchos, pero también he buscado escribir historias mágicas como de cuentos de hadas, esas son las mas cuesta encontrar hoy en día, en un mundo donde las ilusiones y los sueños se han escondido debajo de la cama. He recorrido muchos planetas como le dije y he escuchado sobre una historia repetidas veces, la historia del planeta azul.

Llegamos de vuelta al café Arco, me detuve preguntándole si se le antoja un café, me dijo que si, que le apetecía uno negro con una dona de chocolate, sonreí y entramos, nos sentamos en la misma mesa que hace unos minutos atrás había abandonado abruptamente.

Fue entonces que para mi sorpresa que el empezó a hablar como si nos conociéramos desde siempre. Bueno señor Elliot es un gusto conocerlo me dijo con vos fuerte, que manera mas curiosa de reunirnos no le parece?, déjeme decirle que se perfectamente sobre esa historia que a usted le interesa escuchar, porque yo soy parte de esa historia que se volvió por muchos siglos una leyenda.

La historia dice que hace ya mucho tiempo en una galaxia muy lejana había un planeta de color azul metálico, brillaba como si estuviera sonriendo a cada momento, se podían ver a las estrellas jugar con lazos de colores y con la magia revoloteando por doquier como alas de colibrí, en definitiva era un planeta singular, con sueños e ilusiones por doquier, con luchas y ganas para mantenerse así de encantador y azul.

En ese planeta, habitaban dos corazones enamorados, que parecían a ver nacido el uno para el otro, eran de esos amores que como dice usted ahora están escondidos debajo de la cama, no había necesidad de que se hablasen, a veces ellos solo se sentían y se miraban, nadie entendía como se comunicaban, pero eso si, a el le gustaba recitarle versos y a ella respondérselos con dulces palabras, pero hubo un día que la luna menguante quiso probar ese amor, y les dejo una nota con polvo lunar que decía: “Ese amor no es mágico es un espejismo”, tanto el como ella se quedaron tristes al leer semejante frase, no pudieron repudiarla en ese mismo instante sino que dejaron que invadiera su mente y con los días dejaron de escribir versos hermosos el uno para el otro y de hablarse solo con verse, hubo ocasiones que se les escucho gritar, al parecer sus corazones se había separado tanto que no se escuchaban ya.

Fue entonces que un día la luna bajo donde ellos y reprendió su duda, les contó que había sido ella quien había dejado esa nota en una noche de menguante, les dijo que jamás jamás jamás un verdadero amor debe dudar de su magia porque allí esta la bendición que lo mantiene. Así que a partir de ese momento la luz brillante de la luna quiso darles una lección para que no olvidaran nunca que un verdadero amor no tiene dudas ni debilidades, sino que lucha y se fortalece cada día.

Enérgica la luna les dijo que a partir de ese momento tendrían que pasar 7 mil siglos separados, se reencontrarían en otro planeta al finalizar este tiempo, el brillo de la luna al ver la tristeza que provoco esta sentencia, permitió a Fausto Cienfuegos y a Alejandra Marino despedirse con un beso de color azul, beso que se grabaría en sus mentes hasta el día que pudiesen reunirse y esa seria la única forma de reconocerse.

Durante este tiempo cada uno recorrería las galaxias y planetas para pintarlos de colores alegres y llevar magia y de luz a otros seres, contarles sobre el amor verdadero y sobre la fe, deberían enseñar a la gente que todo es posible y que por lo bueno siempre vale la pena luchar, y vivir sus vidas con esta filosofía ....

No puede ser dije , es cierto entonces señor Cienfuegos, es usted el protagonista de esta historia, pero cuénteme a donde fue después de ese día, que hizo, cuanto tiempo mas falta para que se termine ese tiempo?. Calma Elliot me dijo, déjame continuar.

Yo agarre una maleta, metí solo un par de tenis rojos, un libro, una cámara, un ipod y un estuche con cientos de colores y me subí en una nave espacial color azul metálico para iniciar mi recorrido, viaje por muchos lugares, conocí culturas inimaginables, pensaba en mi amor y al pasar los años soñaba con un amor, luego de otros buscaba un amor, y en unos siglos yo necesitaba un amor. El Ultimo planeta al que llegue se llama Tierra, que es precisamente donde estamos en este momento, me apasione por la música, las obras, las estructuras, también por los libros y los versos, por las luchas y las causas justas y mi corazón seguía buscando un amor.

Fue entonces que un día inesperado para mi, y que sin saberlo con certeza había llegado a su fin el conteo de 7 siglos, tengo que confesarle que mi mente había borrado toda esa historia que acabo de contarle, pero no mi corazón ni las estrellas, ni la magia ni los colores y mucho menos la luna. Todo el universo conspiro para este encuentro y yo sin saberlo!

Fue un 31 de mayo para ser exacto del año terrícola 2006. ese día inicio como cualquier otro, camine por las calles, comí nueces con miel como era costumbre y escuche música por la tarde pero en la noche justo cuando las estrellas cómplices del complot galáctico salieron a pasear, decidí pasear yo también en un cohete rojo, llegue justo al mar de negro, había vino, violines y gente, justo allí vi mis ojos brillar en otros, eran los de ella, inmediatamente me pregunto: Eres músico? Y yo empecé a contar un poco de mi fascinación y mis viajes y todo lo demás que me gusta hablar. Algo reconocí en ella y algo ella reconoció en mi, pero había pasado mucho tiempo como para saber de que se trataba.

Yo atrape su mirada en mi cámara, con los días la busque para dar un paseo por las nubes y la sentí cercana a mi como si formara parte de mi vida, como si nos conociéramos de hace mucho, pero no tuve la certeza hasta ese día en que nuestros labios se encontraron, en ese momento fue que nos reconocimos porque era un beso azul: había encontrado a mi amor.

Realmente me siento emocionado, Fausto, por que no decirlo fascinado con su historia, puedo fotografiarlo para mi articulo?. En ese momento se levanto sonriente y me dijo claro que si puede hacerlo, pero tendrá que ser con mi amada, porque ahora ya no soy uno somos dos y pronto seremos tres.
Por Camila Alejandra Arias
(trabajo en borrador, que lo disfruten, con un rico café con sabor a Cuscatlan)