Un 23 de abril y del mismo año (casi un colmo para las
efemérides) murieron dos de los más destacados escritores europeos a lo largo de la historia y, también, quien se puede considerar el primer escritor hispanoamericano. Nos referimos a
Cervantes, a
Shakespeare y al Inca Garcilaso de la Vega.
Todo ocurrió en 1616. Dada la importancia de los personajes y la magnitud de la coincidencia (aunque se arguye también que está basada en calendarios distintos) la Unesco destacó esta fecha y, desde 1966, la proclamó "el Día Internacional del libro".
Cada 23 de abril es, desde entonces, día de eventos y celebraciones de todo tipo en torno a la cultura libresca. Pero no sólo porque se considera que el legado literario es digno de festejar. También porque se da por descontado, siempre, que el libro tiene un lugar inferior que el que merece y porque se asume que todos en conjunto y a escala mundial debemos velar por su salud, por su buena reputación, por su difusión y por su circulación universal, como si el acceso a la lectura fuera uno de los derechos básicos del ser humano.
Pero ¿por qué es tan bueno leer? ¿Qué da la lectura que no aporta otro canal, como el cine, la música o la conversación con los demás? ¿Contamos con un plus después de leer un libro? ¿En que sentido? Y ¿todo el mundo debería leer? ¿Se justifica el celo puesto en resaltar los efectos benéficos de la lectura? ¿En qué enriquece al individuo o a la sociedad? ¿Qué le ha aportado a usted la lectura que no haya podido conseguir por otro medio?Antes de ser considerados contradictorios, adelantamos que claro, que para nosotros -que hacemos libros- sí vale la pena leer. Lo que queremos es pensar por qué. Este espacio pretende salir del discurso de la obligación y desviarse de los lugares comunes de defensa de la cultura heredada y encontrarnos con las verdaderas razones que nos acercan a los libros. Nuestras razones personales, no las impuestas. ¿Se animan a hacer este ejercicio? Participen
aquí.