Aída Elena Párraga Cañas (1966- )
Poeta salvadoreña.
Nació en San Salvador el 7 de agosto de 1966. Su primera incursión en las artes la hace en el teatro, del cual hasta el día de hoy no se desliga.En 1995 gana el Primer Lugar en la rama Ensayo del Certamen Centroamericano de Literatura Joven Femenina, convocado por UNESCO. Ese mismo año funda el Grupo Poético Poesía y Más..., con el que inicia en el país un movimiento de recitales de poesía dramatizada, en los cuales es responsable por el guión, montaje escénico y escenografía.En Noviembre de 1996 funda, junto con el arquitecto y pintor Carlos Párraga, el programa radial “LA BOHEMIA”, espacio cultural en el que se desarrollan entrevistas a artistas, se promocionan eventos y se regalan libros. El programa sigue al aire desde los estudios de Radio YSUCA. Simultáneamente pública en el semanario Suplemento Cultural 3000, la columna “LA BOHEMIA”.En Mayo de 1,997 se muda a la ciudad de Beijing. Después de un año de residir en la República Popular de China, se mueve a Phnom Penh, Capital de Camboya, en donde fija su residencia hasta enero de 2000. En 1,998, gana, con CATATONIA, los Primeros Juegos Florales de San Salvador, también pública su primer poemario, LETRALIA, conformado por epígrafes; además de diversas publicaciones en revistas especializadas, tanto nacionales como internacionales, y en los periódicos más importantes del país. Desde 1,997 hasta su regreso a El Salvador, en noviembre de 1,999, se desempeña como corresponsal en el exterior para La Prensa Gráfica; medio en el que pública una serie de quince artículos (crónicas de viaje y temas relacionados al arte)En junio de 2,000 es invitada a participar en el X Festival Internacional de Poesía de Medellín. Su trabajo poético ha sido incluido en una antología de escritores latinoamericanos en portugués a cargo del Maestro Thiago de Mello. Este año también es incluida en “Alba de otro milenio”, antología de poetas jóvenes a cargo del escritor salvadoreño Ricardo Lindo.En Diciembre de 2,001 la Editorial Argentina Proa en las Letras y las Artes, edita “El espíritu del viento y otros cuentos”. Para marzo de 2003 es incluida una traducción al francés de su cuento “Y llegó el desarrollo…” en la antología “Cuentos de Escritoras Latinoamericanas” a cargo de Agnes Poirier, París.Aída cuenta con varios poemarios inéditos (Voces, Trinario, ¿Qué alma llevas?, Fantasmas en Guerra, Imágenes y Memorias de una Peripatética), narrativa (Sólo cuentos, El Señor del Tacuazín) y un libro de crónicas de viajes (A la luz del mundo).
Autobiografía
Esa mujer que ves ahí
no tiene nada.
Sus manos no saben de anillos
pero anidan mariposas,
no tiene más adorno sobre su pecho
que dos enhiestas esmeraldas,
ni más vestido que la cubra
que las huellas que un amante le dejara.
Esa mujer que ves ahí
anda desde siempre pie descalza
y no tiene pasaporte,
ni cédula, ni esperanza,
pero le sobran caminos,
tierras profundas y lejanas,
y aunque no tiene nombre
los pájaros la llaman.
Esa mujer que ves ahí
no tiene casa...
y para cama le basta una sonrisa,
se asoma al mundo
por su única ventana
que le confirma que está viva.
Esa mujer que ves ahí
no tiene nada,
más que un gran amor en la distancia
por el que le brotan mil luceros en el vientre,
por el que se viste de luz,
por el que calla,
por el que las nubes se le incendian,
por el que las noches no se acaban.
Esa mujer que ves ahí
a veces ni siquiera sabe si en verdad existe
y entonces se convierte en frágil hierba,
o en ráfaga de viento que asustada
corre a refugiarse en tu palabra.
Esa mujer que ves ahí
no tiene nada.
Sus manos no saben de anillos
pero anidan mariposas,
no tiene más adorno sobre su pecho
que dos enhiestas esmeraldas,
ni más vestido que la cubra
que las huellas que un amante le dejara.
Esa mujer que ves ahí
anda desde siempre pie descalza
y no tiene pasaporte,
ni cédula, ni esperanza,
pero le sobran caminos,
tierras profundas y lejanas,
y aunque no tiene nombre
los pájaros la llaman.
Esa mujer que ves ahí
no tiene casa...
y para cama le basta una sonrisa,
se asoma al mundo
por su única ventana
que le confirma que está viva.
Esa mujer que ves ahí
no tiene nada,
más que un gran amor en la distancia
por el que le brotan mil luceros en el vientre,
por el que se viste de luz,
por el que calla,
por el que las nubes se le incendian,
por el que las noches no se acaban.
Esa mujer que ves ahí
a veces ni siquiera sabe si en verdad existe
y entonces se convierte en frágil hierba,
o en ráfaga de viento que asustada
corre a refugiarse en tu palabra.