Hermosa Serendipia
20 de abril de 2009.
Ella se seguía marcando con huellas, deseosa de pertenecer a alguien, buscando la salida para tener una normal y verdadera relación, pero como otras tantas veces, paso lo que tenía que suceder, solo que en esta oportunidad, fue marcada para siempre y eternamente.
Una mañana necesitaba ese último recuerdo antes de colocarse el vestuario llamado partida. Partidas constantes que reflejaban su mirada ausente. Aunque ni ella misma quería valorar su firme toma de decisiones, esa mañana, junto a la montaña, agregada al frío eterno, escondió el fin de esa complicidad verdaderamente exquisita, que en su momento, fue catada como el mejor de los vinos.
Pero como todos los buenos vinos, termina la ?Roca Eterna?.
En su mente la muerte de esa pesada, pero placentera relación, resultaba incomprensible, y se aferró a ciertas cosas y detalles que no olvida hasta la fecha.
Algo perturbó ese momento, algo le impedía salir del famoso círculo, abandonarlo, tal vez la certeza de que había un detalle que olvidaba en la habitación de las ?Cabañas de Eloisa?, tenía que regresar por el escrito de esa noche, sería y será lo único que los amarraría: no más cercanía amarga.
?sanaré mis labios y no hablarán más de ti restauraré mis manos que nunca tocarán tu cuerpo y mis pensamientos desaparecerán de tu vida al congelar mi palpitar no sabrás que existo o vivo. En la tarde mudaré mi cuerpo excitado ese que más nunca amarás desconectaré mi promesa con tu cuerpo uno solo para tanto amor Algún día oirás hablar de mí, correrás y será demasiado tarde?.
Un año antes, ellos se habían conocido, el restaurante de comida rápida fue el fiel y verdadero lugar de la conexión, setenta y dos horas fueron las suficientes y necesarias para estar dentro del ropero de su mejor amigo, el testigo y único, desaparecido hasta la fecha.
La mañana siguiente fue como un despertar nuevo y verdadero, aunque él, con la sonrisa delineada, discretamente mencionó las palabras que hace mucho tiempo ella venía escuchando de boca de pocos y de muchos. ?No quiero dañarte, no quiero dañar a nadie, aquí no ha pasado nada?, inmediatamente fue necesario que ella cerrara los ojos, mató al instante la lágrima, dio un suspiro y agregó con una sonora voz ?no te preocupes, no estoy pidiendo nada a cambio, aquí no ha pasado nada?.
Jugando con la falsa empatía, fusilaron trescientos sesenta y cinco días, pero quién diría que las palabras proféticas de su padre en aquella reunión, morderían fijamente la carne aún tensada, que terminaron por maldecir esa relación.
Diecisiete mil ochocientos días pasaron después de ese encuentro, un descubrimiento, afortunado accidente que jamás olvidarían.
Pasó el tiempo y ella con sus canas ya puestas en la trenza larga, y su escrito de esa mañana agria de partida, tuvo que regresar a su natal Cuscatlán, a su soyapango de siempre, a la colonia que seguía políticamente roja.
Al llegar a casa de sus padres, encontró, polvo, telarañas y papeles, cartas, cartas que jamás llegaron a sus manos, su madre nunca se las había enviado, y luego de su muerte quedaron en aquella caja de zapatos, húmeda y vieja, por lo tanto, ella jamás las leyó.
Junto a la maltratada silla mecedora, tomo sus carta y le pertenecían, relacionando fechas, épocas y se dio cuenta que él había dedicado sus últimos días en escribirle y confesarle que siempre la amo. Pero ya no había forma, no pueden regresar, no tienen la manera de pedir las disculpas necesarias y de fundirse como en aquel año.Amantes eternos.
