Vesania
Queriendo entender mi locura
pedí un diagnóstico:
resultó que el doctor terminó aplicándome
inyecciones de salmos y avemarías.
Fui al cura y él puso sus ojos
en mis ojos desafiantes.
Luego me di cuenta que pidió
confesión con el monseñor de turno
(no sabía que lo mío también era contagiante).
Corrí a contarle a mi mejor amigo
los síntomas que hoy me torturan.
Él miró mi piernas
subió mi falda y se perdió
en afán creyendo que así
curaría mi trastorno.
Ahora estoy aquí
contándote que aún busco en
tus besos frenéticos
un alivio o una agravante
y vos, hombre sin piedad,
me desordenas la vida hasta delirar.
New York, Enero 2005 - Karla Coreas
pedí un diagnóstico:
resultó que el doctor terminó aplicándome
inyecciones de salmos y avemarías.
Fui al cura y él puso sus ojos
en mis ojos desafiantes.
Luego me di cuenta que pidió
confesión con el monseñor de turno
(no sabía que lo mío también era contagiante).
Corrí a contarle a mi mejor amigo
los síntomas que hoy me torturan.
Él miró mi piernas
subió mi falda y se perdió
en afán creyendo que así
curaría mi trastorno.
Ahora estoy aquí
contándote que aún busco en
tus besos frenéticos
un alivio o una agravante
y vos, hombre sin piedad,
me desordenas la vida hasta delirar.
New York, Enero 2005 - Karla Coreas
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