MAGINHO
Hay algo de divino
en los ademanes del mago,
sea que otorgue vida
a sus muñecos,
separe la luz de las tinieblas
o se tumbe cansado
creyendo su obra buena:
Todo nos recuerda
a dios en sus quehaceres.
Hay mucho de religioso
en los aplausos que brindamos
al mago,
son la profesión de fe en el nigromante,
el anuncio de nuestra disposición a seguirle
cuando acabe la función
para penetrar en el misterio
o para escarbar en el santo
Ya quisiera el poeta
hacer brotar de las palabras
el milagro
y a un designio suyo
-igual que dios, igual que el mago-
convocar el poema para
encender lenguas de fuego
o para partir un cuerpo
de mujer en dos
Pero la creación es una farsa
-lo saben dios y el mago-
ambos, son puros inventos de poeta.
ASUNTO DE MIEDO
A mi despertar
lo acompaña sin falta el sobresalto
Es el miedo
siseándome al oído
las preguntas propicias
a la asfixia:
¿La sangre reseca
que me impide despegar los dedos
brotó de mi víctima ?
¿El cabello que me roza
y este cuerpo que yace
pegado al mío,
es de quien amo ?
¿El secreto confiado
fue expuesto sin misericordia?
Poco le interesa al miedo
sugerir respuestas,
indolente
se entretiene auscultando
en mis asuntos.
Uno y otro día
trato de cerrar los ojos con cansancio
pero él prefiere
seguir despertándome
con sobresalto.
DESDE EL ALERO
Sentado inexplicablemente en el alero
un hombre
da noticia
de su resistencia
a hacerse viejo:
rememora
la lejana época de las proezas
―Las del alcohol, las del amor y el rock'n roll―
e inaugura la más álgida de todas,
la de la memoria
¿qué hacer
con esa carga de recuerdos
que pesa más
que el propio cuerpo en la cornisa?
¿en hombros de quién
dejar tanta remembranza
ahora que el tiempo acorta?
Nadie responde,
Menos las evocaciones
que siguen llegando tumultuosas
al piso de un alero
que ya empieza a chirriar
su propia intemperancia
Por Jairo Bernal
Hay algo de divino
en los ademanes del mago,
sea que otorgue vida
a sus muñecos,
separe la luz de las tinieblas
o se tumbe cansado
creyendo su obra buena:
Todo nos recuerda
a dios en sus quehaceres.
Hay mucho de religioso
en los aplausos que brindamos
al mago,
son la profesión de fe en el nigromante,
el anuncio de nuestra disposición a seguirle
cuando acabe la función
para penetrar en el misterio
o para escarbar en el santo
Ya quisiera el poeta
hacer brotar de las palabras
el milagro
y a un designio suyo
-igual que dios, igual que el mago-
convocar el poema para
encender lenguas de fuego
o para partir un cuerpo
de mujer en dos
Pero la creación es una farsa
-lo saben dios y el mago-
ambos, son puros inventos de poeta.
ASUNTO DE MIEDO
A mi despertar
lo acompaña sin falta el sobresalto
Es el miedo
siseándome al oído
las preguntas propicias
a la asfixia:
¿La sangre reseca
que me impide despegar los dedos
brotó de mi víctima ?
¿El cabello que me roza
y este cuerpo que yace
pegado al mío,
es de quien amo ?
¿El secreto confiado
fue expuesto sin misericordia?
Poco le interesa al miedo
sugerir respuestas,
indolente
se entretiene auscultando
en mis asuntos.
Uno y otro día
trato de cerrar los ojos con cansancio
pero él prefiere
seguir despertándome
con sobresalto.
DESDE EL ALERO
Sentado inexplicablemente en el alero
un hombre
da noticia
de su resistencia
a hacerse viejo:
rememora
la lejana época de las proezas
―Las del alcohol, las del amor y el rock'n roll―
e inaugura la más álgida de todas,
la de la memoria
¿qué hacer
con esa carga de recuerdos
que pesa más
que el propio cuerpo en la cornisa?
¿en hombros de quién
dejar tanta remembranza
ahora que el tiempo acorta?
Nadie responde,
Menos las evocaciones
que siguen llegando tumultuosas
al piso de un alero
que ya empieza a chirriar
su propia intemperancia
Por Jairo Bernal
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