Poesia - brevespacio

"El papel es más paciente que el hombre" Ana Frank

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martes, octubre 18, 2005

ROJO
el misterio)


Mil abismos en rojo se me antoja
la muerte que me ronda zalamera
de rojo se me tiñe hasta la sombra
si busco entre la sombra tu misterio

entre rojo navegan mis ensueños
si roja como seda entre mis manos
deslízase la noche de tu muslo
y trócame en cenizas hasta el alma

comprendes lo que digo si te pido
razón para mi vena de jilguero?
dame cuanto antes más motivos

y canta toda tú entre mis dedos
que te llevan al tálamo en página
trocado por el hado y tu poeta


Alexander Zanches
10 de octubre de 2005.

Soneto en Azul

Azul de mar abísmico y callado
el mundo de las ostras voy buscando
en barcas de velámen incoloro
y remos como labios en la danza

entreabro la noche y sus abismos
despojo de su sal cual un molusco
que ahíto del fuego que vislumbra
avanza redimiendo madreperlas

azul de labio sábila y salitre
azul de pez que raudo se desliza
buscándose un hogar entre las piedras

metafísico azul azul de carne
azul humano y de voraces fuegos
¡al azul sea la gloria sempiterna!

Alexander Zanches

Rostro

Indran Amirthanayagam


Imagina que medio rostro
se te ha borrado y no obstante
vistes traje completo
y vas camino a la oficina.

¿Cómo te darán la bienvenida
tus compañeros?,
¿será con pesar en el corazón,
con flores
y cuentas de rosario?

¿Cómo debemos saludar
al niño huérfano,
al marido cuya mano resbaló
y de la cual hijos
y esposa fueron arrebatados?

¿Cómo festejaremos
nuestros años nuevos
y cumpleaños?
¿Acaso tendremos que encender
siempre una vela?

¿En verdad recordamos
que el tiempo borra
la costa, que la hierba
crece y el dolor
amaina?

En Hikkaduwa
escribí en 1980 una canción
de marinos
a propósito de la lluvia
en la soleada Ceilán.

Ignoro
lo que los danzantes de calipso
habrían compuesto
sobre esta monstruosa ola,
ese ciego con su hacha;
no conozco
el responso del coro.
Somos un pueblo feliz
y sencillo,
aunque la mujer del pescador
sabe
que su abuelo
fue devorado por el mar,
que las comunidades de pescadores
han padecido a su tiempo
y que lo ocurrido ahora
es apenas otro festín
en beneficio de esa madre sangrienta
y adormecida
que envuelve nuestra isla.

¿Pero si el océano
fuera inocente?,
¿si las placas tectónicas
fueran inocentes? ¿Qué tal si Dios
fuera inocente?

No sé
cómo andar por la playa,
levantando un cadáver
tras otro
hasta quedar exhausto,
cómo detener las lágrimas
si la mitad de mi rostro
ha sido borrada
más allá
de los rieles del ferrocarril
y de esta anestésica
y calípsica llegada
al verso final.
¿Qué escribiremos
en la arena?

¿Dónde están las lápidas
incineradas? ¿De quién son
las cenizas dentro de la urna
que flota en una casa
ahogada por el agua?

¿Debemos construir
un monumento conmemorativo
a cierta distancia
del mar, en un parque,
con la forma de una ola gigantesca,
donde podamos escribir
los nombres de los muertos?
¿Han perdido ya las olas
su belleza y han de ser consideradas
como algo obsceno?

No obstante, mañana
tendremos que ir al océano
para refrescarnos
con la brisa marina,
en Hikkaduwa,
donde llueve,
en la soleada Ceilán.

Mañana
renovemos nuestros votos
al amanecer y en la puesta del sol.
Digamos –la próxima vez
que el mar retroceda
y los pájaros bobos
y los fugados e incansables
perros insistan para que los humanos
se levanten–: «No escudriñemos
la revelación
del lecho marino
ni busquemos tomar fotografías.
Corramos hacia un terreno más alto
y una vez reunidos allí
–con nuestros hijos,
nuestros gatos y perros
y cerdos, con lo que hayamos
cargado en nuestra manos:
álbumes, cartas–
formemos un círculo
–de rodillas, sentados
o de pie, sin orientarnos
hacia una dirección en particular–
y oremos y guardemos silencio,
abramos nuestros pulmones
para gritar gracias
a nuestros dioses,
gracias a nuestros perros

(David Ojeda, por la traducción)

lunes, octubre 17, 2005

Siempre

Siempre gritando más por todos lados,
siempre gritando más porque se humilla,
siempre gritando a lágrima en cuchilla,
siempre con fuegos desencadenados.

Pero ¡no!, no te dejan los cansados
cansancios, no te deja la rencilla
del prejuicio ni el miedo que ensemilla
la ensoñada pasión de tus sembrados.

Siempre gritando, y siempre en un latido
más, ¡oh!, al más amor, del darse vivo
siempre por no acabar a tumbo y olvido.

Sino: Por no caer a tumbo lento,
por no rehusar al único motivo
de un beso que dibuja hoy al viento.

Oswaldo ROSES

martes, octubre 04, 2005

En Medio de la Noche

(a Mariposasiwapil)

En medio de la noche, mientras fuma ávido y con bocanadas profundas, un hombre
escribe cuentos buscando inmortalizarse.
Tiene los ojos levemente entreabiertos, y apenas si se ilumina con la brasa del
cigarrillo.
No escribe ni en un cuaderno ni en un papel, escribe en la memoria de su alma. Y
a los trazos de las letras los dibuja con las formas del humo.
Lentamente, la mano de una mujer que está acostada a su lado comienza a hurgar,
sin aviso, en toda la extensión de su piel, le urge las ganas y el amor, le
endurece el sexo que reposa en la entrepierna. Y el hombre que escribe cuentos
en medio de la noche abandona toda ahumada caligrafía.
Tal vez más tarde descifre alguna historia que merezca tatuarse en el humo y en
el alma.
Ahora, y mientras tanto, es inmortal.
Pablo Salomone
Entre Ríos, Argentina

Septiembre 2005

Tu voz

al caballero de los cuentos

Tu voz sureña
estremece mis huesos quejosos
del tiempo y el olvido.

Tu voz risueña
menea mi sombra recóndita.

Voy tras el eco de tu canto sedante,
por esa presencia tangible
que me abraza la sangre las penas el deseo.

Voz que estrecha, endulza,
y se apodera de todos mis sentidos.


Karla Coreas®
New York, Julio 2005

POEMA XXX

Voy al encuentro de hoy
con el uniforme de siempre:
la blusa negra que hace juego
con mi conciencia, con las uñas rojas
manzana tentadora,
labios perla que te hechicen con su tersura,
luminiscencia, sabor almíbar

La sangre se me estanca y de pronto
hace explotar el estomago
el corazón, el alma, el deseo tangible,
la mirada desafiante

Sé que volveré a recorrer este camino
vestida de negro
con las uñas rojas sangre
que desgarran tu piel enfurecida
y se repetirá el encuentro, lo sé


en el tren...
verano 2005
Karla Coreas®