Poesia - brevespacio

"El papel es más paciente que el hombre" Ana Frank

mbenitez@brevespacio.com

miércoles, julio 05, 2006

MITASPOE

I
¿es de trigo malvado
o de malva trigado
tu silencio?

II
¡qué levedad de hoja!
¡qué de sombra fresca
el silencio de tus manos!

III
déjame libres las manos
tras el ansia
de tus blanquísimas palabras

IV
cálido tu silencio me alcanza
besa mi silencio descalzo
y zarpa

V
eres lámpara
que apago

y devuelvo al alfarero

VI
la rama del ciprés
temblando
habla del ave y de su canto

VII
te sueño
lámpara de agua

VIII
yo sé de tus incendios
y les temo
igual que los niños al silencio

IX
no prohíbo besar en las maestras
los labios
ni delante de la gente


DOS SONETOS



Las copas de amatista


Amante de las piedras naturales
el gnomo labra copas de amatista
guiado por un silencio luminoso
y por limpios cardúmenes vestales

en la blanca pupila un rudo gesto
denuncia la ceguera del artista
ver quiere lo que el tacto le trasluce
de la fría textura que ya quema

borracho de dolor en la geoda
que tiene por taller en el subsuelo
se duerme de llorar ya casi muerto

yaciente el semidiós llorando sueña
que tórnase la piedra en tibia carne
rebosando licor y miel de veras




Esta mano es un navío que te surca
en noches de huracán y de naufragios
relámpago que palpa el astrolabio
y tus rimas frutales con sus fresas

tú sabes del eléctrico cuchillo
que te mata redime y te disloca
del fuego que te rema si mis dedos
se llevan tus razones a la lengua

ya sabes qué te digo yo con esto
al mostrarte mi mano que no es mano
igual que es grata ruta tu otra fruta

con esta luz entonces que te muestro
alúmbrate las fuentes del soneto
y muérdeme sin miedo a las palabras



By Alexander Zanches

Elegía por una solterona
(y para colmo, virgen)


Algo de profundísima nostalgia te persigue
algo de fruta que se pudre
lentamente sobre la hierba
algo de irredimible miel jamás probada

algo de todo y de nada
como de árbol jamás estremecido
por ningún viento
va contigo

quedaron al desgaire regados los piropos
que contra ti blandieron
sin lograr
jamás vencer los muros que tú les imponías
con tu silencio indiferente

jamás vendrán a tu ventana los gorriones
a repetir con este acento de innumerables ejércitos
acosándote sitiándote queriéndote
jamás

y contigo hacia la nada nocturna del tiempo avanza
tu jamás tocada puerta ya cerrada
definitivamente
lamentablemente jamás abierta al festivo fragor de olas
dedos
y jazminados dientes detenidos en el umbral apenas

algo contigo se va y no me queda otra
que llorar por ti que nunca supiste morir entre las llamas
sin quemarte



Alexander Zanches
Entrega General, 0824
Panamá, Panamá

EL DURMIENTE DEL VALLE

Un rincón de verdor en donde un río canta
colgando sus jirones plateados en la hierba;
donde el sol reluce desde la montaña.
Un vallecico es de espuma radiante.

Boquiabierto, cabeza desnuda, un soldadito duerme
con la nuca bañada por el fresco berro azul;
bajo las nubes tendido sobre la hierba,
pálido, donde la luz llueve.

Duerme con los pies en los gladiolos, sonriendo
como sonreiría un niño enfermo. Dormir quiere,
Naturaleza, acúnale cálidamente: tiene frío.

Ya los perfumes no conmueven su olfato.
Tranquilo, duerme al sol, con una mano en el pecho;
dos orificios rojos tiene en el lado derecho.



Arthur RIMBAUD
(Traducción de Oswaldo Roses)