Recopilación de poemas de Alberto Quiñónez.
Poema 1
SIN TITULO
Tus labios quemaron a la muerte en la ceniza quemada de mis hambres
pero tu cuerpo de luz recién nacida entre las manos de Dios creó la sombra.
Ahora es innecesario herirse.
Golpear infantilmente la puerta de las desgracias.
No hay tragedia,
sólo la contradicción nos salva de lo que somos.
Poema 2
SIN TITULO
Sólo fuimos un boceto de piel y de equivocaciones.
Nada nos salva del error de quedarse.
Ni tus labios salvarían esta grieta que soy.
Ya nada nos queda. Olvida.
Piensa en la posibilidad de amar tanto.
Yo hice un templo con el adoquín de los gritos.
Poema 3
SIN TITULO
Canto, busco, necesito tus caderas
porque la noche llaga con su canto de sirena,
y sostiene en su mano una ola que no golpea, que no moja.
Que no se mueve y sólo mira y simplemente espera.
Que hace daño sin tocar y siendo nada.
Ola ciega que descubre el páramo que mancha tu corazón de hielo.
Ciega ola terrible que despinta mis pupilas,
que se lleva los labios de mi rosa, la de los mil pétalos,
la que ayer lloraba, la que no se hendía.
Ola sólo de sal, cuyo hueco
es también lo que no dices cuando hablas.
Marea que sólo lleva en sí el movimiento de lo inerte.
Quieta ola que con su lengua trae
mi cuerpo olvidado hasta esta orilla que no existe.
Esta pared interminable que se mueve en el tiempo,
que rompió el eje del mundo y sus uñeros,
que secreta el habla de las marionetas ahogadas en tu voz.
Y cierra las puertas, la noche, que no deja oír el grito de mi lámpara encendida.
Y es así de simple su mirada que podría ser la sombra de mi sombra.
Y es que no crece la hierba.
Es que no encontraría la palabra que nos libre,
la palabra que diga lo que no seremos.
Por eso muerdo el filo del cuchillo, la espina de esta rosa innombrable.
Por eso quiero destruir los hilos del alba.
Por eso busco tus caderas.
Por eso llamo a tu puerta perdida.
Sé que volveremos a vernos, cara a cara, volveremos a enfrentarnos.
Aunque el olor de tu piel me vuelva sueño.
Aunque en mi sueño tu piel no está tan lejos.
Alberto Quiñónez.
SIN TITULO
Tus labios quemaron a la muerte en la ceniza quemada de mis hambres
pero tu cuerpo de luz recién nacida entre las manos de Dios creó la sombra.
Ahora es innecesario herirse.
Golpear infantilmente la puerta de las desgracias.
No hay tragedia,
sólo la contradicción nos salva de lo que somos.
Poema 2
SIN TITULO
Sólo fuimos un boceto de piel y de equivocaciones.
Nada nos salva del error de quedarse.
Ni tus labios salvarían esta grieta que soy.
Ya nada nos queda. Olvida.
Piensa en la posibilidad de amar tanto.
Yo hice un templo con el adoquín de los gritos.
Poema 3
SIN TITULO
Canto, busco, necesito tus caderas
porque la noche llaga con su canto de sirena,
y sostiene en su mano una ola que no golpea, que no moja.
Que no se mueve y sólo mira y simplemente espera.
Que hace daño sin tocar y siendo nada.
Ola ciega que descubre el páramo que mancha tu corazón de hielo.
Ciega ola terrible que despinta mis pupilas,
que se lleva los labios de mi rosa, la de los mil pétalos,
la que ayer lloraba, la que no se hendía.
Ola sólo de sal, cuyo hueco
es también lo que no dices cuando hablas.
Marea que sólo lleva en sí el movimiento de lo inerte.
Quieta ola que con su lengua trae
mi cuerpo olvidado hasta esta orilla que no existe.
Esta pared interminable que se mueve en el tiempo,
que rompió el eje del mundo y sus uñeros,
que secreta el habla de las marionetas ahogadas en tu voz.
Y cierra las puertas, la noche, que no deja oír el grito de mi lámpara encendida.
Y es así de simple su mirada que podría ser la sombra de mi sombra.
Y es que no crece la hierba.
Es que no encontraría la palabra que nos libre,
la palabra que diga lo que no seremos.
Por eso muerdo el filo del cuchillo, la espina de esta rosa innombrable.
Por eso quiero destruir los hilos del alba.
Por eso busco tus caderas.
Por eso llamo a tu puerta perdida.
Sé que volveremos a vernos, cara a cara, volveremos a enfrentarnos.
Aunque el olor de tu piel me vuelva sueño.
Aunque en mi sueño tu piel no está tan lejos.
Alberto Quiñónez.
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