El fuego eterno de un ángel.
Vos sos un murmullo que alborota mi alma,
caja de Pandora que se prohíbe abrir,
cinta oscura que une las estrellas,
…el juego eterno de dioses condenados.
Un temblor primario en mis sentidos,
la noche que se abre desnuda y callada,
la milagrosa espuma de mis debilidades.
Vos sos un ave de paso, que apaga la llama
y se quema en mi fuego.
Ángel de las cuatro esquinas.
Hoy te instalaste en mis sueños,
descubriendo las bocas sedientas de mi piel.
Exploraste los hilos que hilvanan el lienzo de mis devaneos.
Jugaste con los céfiros nocturnos de mi túnica escarlata.
Hasta ceñirte en la voz oscura de mi fuste de lino.
Ángel del paraíso.
No podré olvidar la espalda cobriza de tus alas,
ni la sombra obscena de tu cuerpo de ébano.
Ángel de cenizas, que a punta de rayo te volviste tentación,
volcando tu soledad, en la serpiente embriagada de mi paraíso.
“Hsi - men, tuvo que hacer el amor con loto dorado muchas veces
para olvidar que era hombre mortal”
Anónimo
Los poros de un ángel
Por vos blasfemé el recato de la aurora.
Sobreviví el vértice del gozo.
Emergí ante la afluencia de tus manos.
Navegué en la fruta de tus pechos.
Me perdí en la barca fluyente de tu vientre,
hasta salir victorioso del llanto de tus piernas.
Ángeles en su dimensión
Vos y yo, brillantes prisioneros en este bosque ciego,
donde no hace falta un soplo de luz para fundirnos.
Sólo el valor de gritarle al mundo:
que en una noche sin calendario,
podés sacudir la miel silenciosa de mis gemas,
y contar los lunares de mí cuerpo.
Y yo, separaría uno a uno, los pétalos crespos de tu corola.
Ausencia de un ángel
En la cumbre de mis ansiedades
se va tejiendo un volcán de orugas,
las telarañas inquietas se mecen en tu ausencia,
y tu corazón de alas ignora cuándo vendrás.
La soledad es un batir ardiente,
que se arrastra en las madrugadas,
manchando una alfombra de lívidos pensamientos.
Por
René Chacón Linares
El Salvador
Vos sos un murmullo que alborota mi alma,
caja de Pandora que se prohíbe abrir,
cinta oscura que une las estrellas,
…el juego eterno de dioses condenados.
Un temblor primario en mis sentidos,
la noche que se abre desnuda y callada,
la milagrosa espuma de mis debilidades.
Vos sos un ave de paso, que apaga la llama
y se quema en mi fuego.
Ángel de las cuatro esquinas.
Hoy te instalaste en mis sueños,
descubriendo las bocas sedientas de mi piel.
Exploraste los hilos que hilvanan el lienzo de mis devaneos.
Jugaste con los céfiros nocturnos de mi túnica escarlata.
Hasta ceñirte en la voz oscura de mi fuste de lino.
Ángel del paraíso.
No podré olvidar la espalda cobriza de tus alas,
ni la sombra obscena de tu cuerpo de ébano.
Ángel de cenizas, que a punta de rayo te volviste tentación,
volcando tu soledad, en la serpiente embriagada de mi paraíso.
“Hsi - men, tuvo que hacer el amor con loto dorado muchas veces
para olvidar que era hombre mortal”
Anónimo
Los poros de un ángel
Por vos blasfemé el recato de la aurora.
Sobreviví el vértice del gozo.
Emergí ante la afluencia de tus manos.
Navegué en la fruta de tus pechos.
Me perdí en la barca fluyente de tu vientre,
hasta salir victorioso del llanto de tus piernas.
Ángeles en su dimensión
Vos y yo, brillantes prisioneros en este bosque ciego,
donde no hace falta un soplo de luz para fundirnos.
Sólo el valor de gritarle al mundo:
que en una noche sin calendario,
podés sacudir la miel silenciosa de mis gemas,
y contar los lunares de mí cuerpo.
Y yo, separaría uno a uno, los pétalos crespos de tu corola.
Ausencia de un ángel
En la cumbre de mis ansiedades
se va tejiendo un volcán de orugas,
las telarañas inquietas se mecen en tu ausencia,
y tu corazón de alas ignora cuándo vendrás.
La soledad es un batir ardiente,
que se arrastra en las madrugadas,
manchando una alfombra de lívidos pensamientos.
Por
René Chacón Linares
El Salvador