miércoles, octubre 20, 2004

Tu ausencia

He escuchado a las baldosas de la calle contar muchas veces las mismas historias. Hoy suenan diferente. Historias que hablaban de ti en un idioma que antes no comprendía, pero que ahora entiendo. Las calles siempre supieron que existías y yo ahora te encuentro.

La gente de la calle ya no tiene cara, no tienen ojos ni nariz ni boca, solo son caras sin rostro; y el único motivo para que esto ocurra es que ninguna de esas caras es la tuya. Andan esas caras sin rumbo fijo, como yo, como todos. Nadie tiene un sitio mejor a donde ir desde que ya no estas.

Spica, la estrella más brillante de tu signo zodiacal, me ha jurado por su luz que tienes pensado volver. Ya no sé si creerla. Esa estrella perdió su luz para dársela a tus ojos, así que apuesta sin arriesgar. No creo que sea demasiado fiable.

Miro la televisión atentamente, mientras fijo mi mirada en tus recuerdos e intento buscar dentro de mi piel tu sabor. Pero eso es como buscar diamantes en el portal de mi casa.

Busca en tu mente el paraíso donde deseas viajar, que yo te llevo. Busca la canción que quieras escuchar y busca el silencio, busca el recuerdo.

Poesías que no riman y flores que no florecen, sólo es lo que te puedo regalar. Una maceta de tierra infértil para que la pongas en el balcón de la casa que no tienes.

He decidido viajar contigo y me he sorprendido dando vueltas en el andén de la estación, con la misma cara de perdida que tení­a cuando me encontraste. Y ahora tu mirada sólo ve las líneas de la carretera pasando a toda velocidad, y me asusta que esas líneas no te recuerden a mí.

Busca en tu armario la camisa amarilla inexistente y dime que existe sólo por mantenerme despierta otra noche.

Ahora, desde que te fuiste, el calendario de la cocina marca los días al revés. Me miran los días y se ríen. Ellos tienen el control. Yo lo perdí hace tiempo.

Elena Montalvo